viernes 1 de febrero de 2008

LA CARTA DEL PACHON

Hola Judith:


Hay tantas cosas que quería decirte y no atiné a decir mucho. Nunca imaginé que me pasara lo que viví contigo. Es que apenas una semana antes no te había visto, bueno en realidad si pero no reparé en tú presencia. Sabes que la facultad es grande y aunque conozco a la gran mayoría suelo ser muy tímido con los nuevos. Necesito un impulso, alguien que me presente y se de la situación para poder desenvolverme adecuadamente. No como un patán arrogante que muchos piensan que soy pero que no se dan cuenta que es simple timidez.

Para mi fue una experiencia inigualable como te conocí. Celebración de la Universidad por su aniversario y mientras todos bailaban yo me paseaba por todos lados como siempre haciendo muchas cosas y a la vez ninguna. Es decir, derrochando vanalidad de conversación en conversación hasta que sentí una fuerte descarga de energía que erizó mi cuerpo y no pude resistir a voltear para ver quien me atacaba y me di cuenta que eras tú, quien armada tan solo con la mirada atacabas a mansalva una y otra vez mi cuerpo.

Haciendo mucho esfuerzo logré posar mi mirada sobre la tuya y tú sólo atinaste a sonreír, como si ese ataque se hubiera tratado de una pequeña travesura y con ese gesto volviste a desarmarme. Casi indefenso pero no vencido tenía dos opciones: Huir rápidamente de ahí o encarar a mi agresora. Así que opte por acercarme hacia ti y debo confesarlo, mientras caminaba me temblaban las piernas. Eran escasos 8 metros los que nos separaban pero para mi fue como caminar 100 kilómetros.

Estando frente a ti hice una arriesgada maniobra y me lance con una replica a tú sonrisa que no se apagó nunca mientras yo avanzaba y te dije con una firme determinación, que debo confesar no se de donde salió porque en el fondo me moría de miedo, para bailar. Una vez que nuestros cuerpos se juntaron sentía que mis venas latían fuertemente, la aceleración me impedía decir palabra alguna hasta que tú, más bondadosa de lo que esperaba me lanzaste una ayuda y comenzaste la conversación. Ahí supe por primera vez tú nombre: Judith. Supe que te habías trasladado de una universidad del interior del país y que tú papá era un militar que regresaba a Lima después de muchos años.

Luego me preguntaste si iría a la fiesta en casa de Manuel, que ya habías quedado con un grupo y ahí seguiría la fiesta y tendríamos ocasión de conversar mucho más, pero lamentablemente yo no iba a poder ir, ya había quedado con Renzo en ir a su casa para ayudarlo en su recuperación de estadística (si lo se, soy todo un looser a veces) y no podía fallarle porque dependían muchas cosas de ese examen.

Bailamos tres canciones seguidas que para mi fueron una eternidad y tú sola petición me obligó a aceptar ir donde Manuel aunque sea unos diez minutos. Yo sabía que no me podía quedar pero sentía que habían quedado tantas cosas inconclusas entre nosotros que no debería desperdiciar la oportunidad de verte un rato más.

Tuviste que irte rápido con tús amigas donde Manuel y yo me tenía que quedar en la Universidad un rato más y no sabes como maldije ese momento, hasta que sonó mi teléfono y recibí tú llamada apurándome y que ya me estabas esperando. Eso definitivamente me emocionó mucho y apuré mi paso hacia la fiesta.

Una vez en casa de Manuel traté de localizarte y ahí estabas tú. Conversando amenamente con un chico de tú salón que no se te despegaba y debo serte sincero que eso fue como un cuchillo caliente que penetraba mi corazón y tuve ganas de salir corriendo sin embargo algo muy fuerte me contuvo. En ese momento volteaste y me miraste con esos ojos que no puedo describir y el dolor que sentía en ese momento pasó a convertirse en ansiedad por estar a tú lado.

Me di valor y me acerque a donde estabas y sin importarme la presencia enemiga comenzamos a charlar de todo un poco y nada a la vez. Pero yo sabía que me tenía que ir y no podía dejar las cosas inconclusas y me arriesgué. Te pregunté si podríamos salir nuevamente porque me tenía que ir y gracias a dios que dijiste que sí. Así que con el camino despejado coincidimos en que nos volveríamos a ver una semana después.

Debo reconocer que esa fue una de las semanas más largas que recuerde. Los segundos no avanzaban, los minutos se retrazaban perezosos y las horas aguantaban aletargadas dar pase a la siguiente. Intentaba llenar mi tiempo con lo que sea. Hay que señalar que descuide mis estudios por no poder concentrarme en nada que no fuera la cita, mi cita contigo.

No lo pude creer, ya era el día. Felizmente mi hermano me prestó su carro y ya estaba casi todo listo para verte de nuevo. Mi abuelo, cómplice como siempre, se encargó de darme plata para que la noche sea perfecta, aunque en realidad la noche sería perfecta con tú presencia.

Ahí estabas tú, tan linda e imponente esperándome. Yo trataba de no equivocarme y así impresionarte pero al parecer esa noche los nervios me traicionaron más de una vez. Creo que hiciste un gran esfuerzo al salir conmigo pues me comentaste que tenías muchos problemas en esos momentos y aun así te diste tiempo para verme.

Debo confesarte que tú mirada me perturba, me llena y de pronto siento un gran vacío. Tus ojos penetran mis entrañas y se apoderan de mi. Esa mirada fuerte y dulce a la vez sabe hacer su trabajo: me hipnotiza y no me permite reaccionar. Por eso es que tuviste que muy sutilmente sugerir que partamos.

Ya lo tenía todo planificado. Primero dos pisco tours para calentar el ambiente y dar ese ambiente de intimidad que un buen trago de pisco puede dar mientras conversábamos. Ahí llegaron las primeras trabas que me hicieron pensar muy seriamente en el fracaso. Me dijiste que no era tú tipo y que nunca habías salido con un chico mayor, pero si sólo te llevo tres años no entiendo, luego me coqueteaste sólo como tú sabes hacerlo y con una sonrisa muy tierna me dijiste que era lindo y te parecía guapo. Pensé que te burlabas de mí. No entendía nada y te lo dije, te acuerdas, primero me matas y luego me levantas, entonces ahora me soltarás para que me caiga y tú siempre con tu picara sonrisa me miraste con esa mirada tan tuya, tan deliciosamente tuya y acercaste tus labios hacia los míos y me besaste. Sentí tocar la luna con mis manos. Realmente tienes unos labios maravillosos, tan suaves y a la vez inquietos que jugueteaban con mi boca por pocos segundos pero muy intensos.

Luego decidimos tener un poco más de intimidad y nos subimos al carro para ver a donde íbamos. Ahí nuevamente mientras nos decidíamos nos besamos. Puedo decir que me sentí el hombre mas dichoso del mundo, poder acariciarte el rostro mientras nuestros labios se juntaban era realmente maravilloso. Los minutos pasaban y la intensidad de los besos se incrementaba.

No se como fue ni en que momento se dio, pero de un momento a otro ya tenía tú cuerpo casi desnudo en mis manos. Era como cumplir un sueño y no distinguía entre la realidad y la ficción. Tus senos, tus maravillosos senos y discúlpame que te diga esto pero son simplemente deliciosos. Pequeños pero muy firmes que al verlos descubiertos confirman que los dioses existen.

De pronto pude sentir cuando me tocaste y creí estar en el cielo, tus manos muy suaves recorrían con avidez mi cuerpo y yo no era nadie para impedirlo, claro que tampoco quería hacerlo. Nuestros sentidos estaban muy encendidos y ya era imposible parar. Todo nos llevaba a terminar mas unidos que nunca. Esa era una noche de sexo.

De pronto una llamada a tú celular, una muy impertinente llamada que tú asustada contestaste inmediatamente no sin antes intentar recuperar un poco el aire perdido por el jaleo. Era de tú casa a donde debías volver inmediatamente y no tuve mas opción que tener que llevarte de regreso. No hubo una palabra en el camino. Quiza el bochorno o la vergüenza que sentíamos por haber ido tan rápido, el clásico que pensarás de mi o creo que estamos yendo muy rápido discurría por nuestras mentes mientras escuchábamos algo de música que de verdad no recuerdo.

Cuando llegamos a la puerta de tú casa te acuerdas que nos pedimos disculpas mutuamente por haber terminado abruptamente una noche maravillosa. Pero nos dimos cuenta que no debíamos disculparnos si realmente la habíamos pasado bien y así fue. Fue una noche mágica, donde la luna se prestó pícara a nuestro juego de amor y las estrellas cómplices iluminaron nuestros cuerpos para que se enciendan juntos. La llamada la tomamos como anécdota, creo que fue una alerta de que podría originarse un incendio y es mejor prevenir que lamentar.

Desde ese día no he dejado de pensar en ti, busco cualquier excusa para llamarte o intentar buscarte pero muchas veces no me atrevo. Se que tú piensas igual que yo y que tal vez recordamos mucho esa noche de pasión y tememos que no podamos repertirla así, tan maravillosa, encendida pero a la vez pura porque eso fue lo que hizo de esa noche especial, la pureza de dos personas que se atraen y no tuvieron reparos en expresarlo a pesar de los temores.

Ahora tenemos una nueva cita y déjame decirte que estoy más nervioso que la primera. No he preparado nada pero estoy seguro que también tendremos una noche especial porque ambos hemos nacido para eso, para compartir apasionadamente la vida. Para estar juntos y retar lo inimaginable con tal de vernos. No nos importa nada y corremos muchos riesgos lo se, pero para eso estamos y eso nos hace especiales y nos fortifica.

Esta noche nos veremos de nuevo y la ansiedad me mata, vuelvo a contar los minutos, los segundos y las horas pero estos no avanzan ni se mueven del reloj. Eso me molesta, que cuando sea el momento de vernos el tiempo inexorablemente avanzará más rápido que de costumbre.

Siempre dije que la felicidad en pequeñas dosis es muy buena, pero ahora que ya la probé la quiero más y mas y uno se vuelve adicto a ella. Creo que estando a tú lado me convierto en una persona muy feliz. Tus labios me hacen feliz, tus manos me hacen feliz y sobre todo tú mirada me hace feliz. Ah si hablara de tú mirada, aquella gran fuerza de energía que me envuelve cada vez que se posa sobre mí. Me estremece y a la vez me da paz. Penetra todo mi ser instantáneamente y bloquea muchos de mis sentidos. Ahora cuando complementas tú mirada con esa picara sonrisa me desarmas y quedo a tú merced, sólo te pido que no te aproveches de eso y tengas un poco de clemencia al momento de usar tus armas.

Nos vemos en unos minutos más, voy a terminar de arreglarme y tratar de eliminar esa ansiedad que me mata. Esperaré tranquilo y relajado aunque es muy difícil, pero lo voy a intentar y te juro que esta noche será una gran noche.

2 comentarios:

bryanpb dijo...

Como estas Pachito, acabo de leer "Carta del Pachon" y definitivamente es una historia por la cual todos hemos pasado en un principio, talvez igual o diferente, pero la ansiedad, los nervios, la timidez es la misma, te felicito Pacho un fuerte abrazo.

Bryan Portal Burmester

oskr dijo...

hola flakito esta carta de pachon es muy buena nos hace revivir momentos que sin duda alguna nos a tocado vivirla en algun momento la felicidad la encontramos nosotros mismos,alguna vez nos enamoramos solo con ver a los ojos a aquella mujer que si algundia se cruzo en tu camino y despues no la volviste a ver y nos pasa lo mismo ese escalofrio en el cuerpo solo de pensar en ella .y ya no sigo solo me queda felicitarte flakito. oscar.