Cristobal andaba pensativo. No era la primera vez que Claudita se le insinuaba y eso le daba ventaja sobre ella. Quería levantarla y esperaba el momento propicio para asestar su toque mágico. El a pesar de no ser muy bien parecido tenía un atractivo difícil de explicar con las mujeres. A pesar de ser casado no tenía problemas para ingeniarselas y dar rienda cada vez que podía a sus bajos instintos.
Claudia no conciliaba el sueño, andaba perdidamente enamorada de Cristobal, el mejor amigo de su jefe. Ella a pesar de ser muy bonita nunca había tenido una pareja. Siempre se dijo que estaría con alguién cuando realmente se enamore. Ahora lo estaba. La mirada de este hombre de hablar interesante y sonrisa perpetua la habían encandilado. Además, el había pregonado mas de una vez y publicamente que tenía problemas en su matrimonio y su divorcio era inminente.
Eran las 5 de la tarde y Cristobal como todos los días fue a visitar a Lucas a su oficina para tomar un reparador café de media tarde, por ahí coquetearía un poco con Claudia y con suerte la levantaba ese día. Y si que tuvo suerte, Su amigo había tenido que salir a una reunión de urgencia y no le avisó. La chica estaba sola en la oficina y muy nerviosa, pues era una mujer enamorada. Cristobal aprovechó su experiencia y le habló muy cerca y con mucho doble sentido. La fue envolviendo poco a poco hasta que ella no pudo más y cayó atrapada por sus labios. Un beso muy suave que fue ganando intensidad conforme pasaban los minutos. Luego unas hábiles manos empezaron a desplazarse a todas aquellas zonas que generan algún tipo de placer femenino y Claudia por mas que quiso resistir no pudo, se dejó llevar.
El escritorio de Alonso se convirtió en el complice de esta faena desenfrenada. Cuando Claudia se dio cuenta se encontraba desnuda en su totalidad, a punto de recibir dentro de ella por primera vez a un hombre y quiso detenerlo, pues no era lo que ella había soñado para su primera vez. Cristobal muy seguro de si mismo le dijo: "Amor, no te preocupes sòlo dejate llevar" y ella accedio. De pronto un grito de dolor aguantado sacó de su concentración a Cristobal para sentirse mas hombre, se había dado cuenta que la estaba desvirgando y empezó a moverse suavemente y disfrutando la fricción inocente, sintiéndose un macho.
Al terminar. se paró, acomodó todo como si nada hubiera pasado y le dijo a Claudia: " Por favor aquí no hemos hecho nada, no existo y mejor me voy".
Claudia que en ese momento esperaba un abrazo seguido de un te amo, desconcertada sentía como una lagrima discurría por su mejilla sin llegar a entender como había entregado parte de su vida a un hijo de puta insensible que sólo la utilizó como desfogue. Pero de amor absolutamente nada.